Cuentos de un posible porvenir – Juanjo

San Sebastien de los Reyes, 10 de Agosto del año de nuestro Señor 2032

Juanjo apagó su despertador, eran las 5:00, tiempo de levantarse para una nueva jornada de trabajo.

Era soldador en la nueva fabrica  Daewo de Getafe. Allí se fabricaban los últimos modelos de la marca, coches que no se veían aquí porque eran demasiado caros.

Se levantó, miro a su esposa que se había acostado unas pocas horas antes luego de volver de la factoría de electrónica donde había terminado su turno de noche. Trabajando los dos podían pagar el alquiler de este estudio en las afueras de Madrid y pagar los estudios de su hija en un colegio público. Habían pensado, hace unos años enviar a su hija a estudiar en un colegio privado pero los costos tan elevados que eso implicaba se los impidió. Decidieron con su esposa educarla tanto como podían y en cuando ya no pudieran, la hija tendría que trabajar. Como en muchas familias y como desde hacía años.

Unos 20 años antes más o menos, Juanjo había participado de manera activa en un movimiento de protesta, el 15M (por 15 de Marzo), movimiento que intentó sin éxito parar la destrucción de España. Habían empezado bien pero rápidamente y sin líder este grupo se había convertido en nada concreto, unos grupúsculos impidieron, con un éxito notable, los desahucios, otros organizaron asambleas populares que parecían más tertulias que reuniones políticas, un movimiento que, al final, hizo reír a los políticos y no cambió nada, lo que explicaba su existencia hasta la actualidad.

Juanjo abrió suavemente la mampara que escondía la cocina americana y se preparó la cafetera antes de ingresar al cuarto de baño.

El agua de la ducha estaba fría. Eso se estaba convirtiendo en costumbre. La última vez que Juanjo lo mencionó al dueño del piso, le dijo que si no estaba contento, podía buscarse otro departamento con un propietario más amable y comprensivo. De momento la temperatura del agua no era un real problema. El mes de agosto acababa de empezar y habrán muchos días de calor por venir. Pero para el invierno sí que sería un problema.

El edificio regresaba a la vida, JJ podía oír a sus vecinos preparándose también para un nuevo día de curro. El olor agrio del café de mala calidad llenaba ahora el pequeño departamento. No podía acordarse de cuando había saboreado un verdadero café, ni tampoco cuando había probado un verdadero jamón. Eran tiempos difíciles. Si solamente hubiéramos reaccionado a tiempo para parar eso cuando era posible, pero no, estaban demasiado centrado en su bien-estar personal para proteger el bien-estar colectivo.

Juanjo tenía que darse prisa para no arriesgarse a llegar atrasado a la bendición diaria del equipo de trabajo. El capellán de la fábrica tenía sus listas. Los ancianos que habían recibido un mínimo de instrucción lo comparaban a los comisarios políticos del antiguo URSS.

Juanjo no recordaba el significado de URSS y de todos modos no entendía la comparación. Cosa segura es que si no querías problemas con 1) la dirección de la fábrica y 2) con su parroquia, era mejor llegar puntual.

Salió de su piso y se dirigió hacia la parada del autobús. La calle era casi oscura, con unos pocos faroles encendidos. Barrio popular, mantenimiento limitado. Una vez intento quejarse a la junta municipal pero le hicieron entender que era mejor no decir nada si quería que su hija tenga la posibilidad de matricularse en el colegio público para el trimestre siguiente.

El vehículo llego, atrasado como siempre. El bus tenía unos 20 años como mínimo y estaba en un pésimo estado. La empresa privada encargado del transporte público de la provincia no estimaba ni necesario ni rentable poner un bus nuevo en esta línea. Juanjo esperaba poder comprarse una bicicleta en los próximos meses. Ya verían.

Subió en el vehículo, se busco un rincón donde terminar la noche y el autobús arranco escupiendo una enorme nube de gas negra.

Juanjo salió de su piso y se dirigió hacia la parada del autobús...

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